Al observar la película de Netflix "El presidente de la gente", en la que usted tuvo una participación especial, analicé los comentarios positivos y negativos que surgieron tras su victoria en la segunda vuelta electoral del 21 de junio, mediante la cual la democracia participativa lo eligió como nuevo Presidente de los colombianos.
Permítame expresarle
algunas consideraciones sobre la realidad sociopolítica del país que,
respetuosamente, podrían ser de utilidad para los lineamientos y directrices
que orientarán su gobierno.
Desde el inicio de su
mandato y hasta su culminación, procure no dejar abierta la puerta al retorno
del denominado comunismo del siglo XXI, al terrorismo, a interpretaciones
equivocadas del socialismo y del progresismo, ni al fortalecimiento de quienes,
después de haber delinquido, pretendan nuevamente ocupar los más altos cargos
del Estado.
Antes de adoptar cualquier
decisión, tanto usted como su gabinete deberían considerar cuidadosamente sus
consecuencias, especialmente cuando estas afecten al pueblo colombiano.
Recuerde la frase escrita en la Universidad de Harvard: "Duros con el
problema y suaves con las personas", naturalmente con quienes obran
dentro de la legalidad.
Colombia necesita un
gobernante que sea guía, líder, gerente, protector y, sobre todo, un ser humano
capaz de comprender las dificultades que enfrentan quienes diariamente padecen
la pobreza, la violencia, el maltrato, la injusticia y los permanentes
atropellos derivados de la corrupción en sus múltiples manifestaciones.
La Presidencia de la
República ha sido ocupada por mandatarios cuyas actuaciones han generado
profundas divisiones y cuestionamientos en distintos momentos de nuestra
historia. Aspiro a que usted sea recordado como el Presidente que marcó una
verdadera diferencia desde su llegada a la Casa de Nariño, dejando como legado
la transparencia, la justicia y el servicio al país.
Es indispensable escuchar a
los gremios; sin embargo, le ruego no descuidar jamás la voz del verdadero
pueblo: hombres y mujeres trabajadores, humildes y vulnerables que merecen una
mirada humanista, sincera y cercana, así como un gobernante que honre su
palabra.
Existen múltiples mecanismos
para acercarse a la ciudadanía. Utilícelos todos, permitiendo que las
necesidades de los colombianos traspasen los muros del Palacio Presidencial y
del gabinete de gobierno. Al mismo tiempo, mantenga la prudencia frente a la
denominada "malicia indígena" y a las prácticas de corrupción que,
lamentablemente, también afectan a algunos sectores de la sociedad.
La violencia en Colombia se
genera por múltiples causas, entre ellas las deficiencias en la educación, la
desinformación, la pérdida del respeto por la vida, el debilitamiento de los
principios y valores, la falta de oportunidades laborales dignas y la elevada
corrupción. Promueva una verdadera articulación entre las ramas Ejecutiva,
Legislativa y Judicial para conducir al país hacia un camino de mayor
seguridad, estabilidad y desarrollo.
La inseguridad, alimentada
por el narcotráfico y por los grupos armados ilegales, continúa siendo uno de
los principales factores de desestabilización del orden constitucional y de la
convivencia ciudadana. El adecuado liderazgo de la Fuerza Pública, unido al
reconocimiento de los reservistas y veteranos de la patria, constituye una
responsabilidad que seguramente ya forma parte de sus prioridades.
No obstante, considero
necesaria una visión más profunda sobre la misión institucional de nuestras
Fuerzas Militares y de Policía. Es fundamental fortalecer su respaldo jurídico,
su autoridad operacional y el ejercicio del mando y control, tanto frente a las
amenazas externas como a los desafíos internos, propios de quien ejerce la
condición de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.
La Fuerza Pública, como
pilar de la democracia, debe recuperar plenamente la confianza ciudadana y
convertirse nuevamente en ejemplo de honestidad, honor y vocación de servicio
para quienes portan las armas de la República en representación y defensa del
pueblo colombiano, conforme a lo dispuesto en los artículos 217 y 218 de la
Constitución Política.
Episodios tan dolorosos
como los denominados falsos positivos, los casos de corrupción y otras actuaciones
cuestionables deben quedar definitivamente en el pasado. Colombia necesita
volver a confiar en hombres y mujeres íntegros, respetados y creíbles, tanto en
el campo como en las ciudades. Alcanzar ese propósito exigirá liderazgo,
voluntad política y acertados nombramientos en el sector defensa,
responsabilidad que recae directamente sobre el Presidente de la República.
Colombia está cansada de
observar cómo algunos dirigentes, partidos políticos y políticas públicas dejan
tras de sí profundas huellas de corrupción. En mi opinión, el gobierno del
presidente Gustavo Petro tampoco estuvo exento de cuestionamientos y
controversias, lo que resultó especialmente decepcionante para quienes
esperaban un cambio significativo. Considero que el país merece una oportunidad
para recuperar la honradez, la ética y la confianza en el ejercicio de la
política.
La salud, la economía, la
educación, los servicios públicos, la movilidad, los sistemas masivos de
transporte, las relaciones internacionales, la migración, el aprovechamiento de
la tecnología, la protección del medio ambiente y el combate contra la minería
ilegal son algunos de los grandes desafíos nacionales. Soy consciente de que un
período presidencial de cuatro años difícilmente permitirá resolver todos estos
problemas; sin embargo, si su gobierno logra orientar el rumbo correcto, estará
construyendo un mejor futuro para Colombia.
Permítame acudir al campo
de su mayor experiencia: la justicia. Un maestro de la Escuela Militar de
Cadetes me enseñó que "la justicia consiste en darle a cada quien lo
que merece". Considero que ese principio constituye uno de los pilares
fundamentales para comenzar a corregir muchas de las dificultades que hoy
enfrenta nuestro país y, hasta donde conozco, usted posee la formación necesaria
para comprender su verdadero alcance.
Superar y reducir los
efectos del terrorismo ejercido por organizaciones armadas ilegales, como el
ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo, así como combatir el
narcotráfico, los homicidios, el hurto en todas sus modalidades, el secuestro,
la trata de personas, el sicariato, el reclutamiento forzado de niños, niñas y
adolescentes y la extorsión, constituye una tarea urgente. Estos delitos
continúan proyectando una imagen internacional preocupante y mantienen a
millones de colombianos bajo una permanente sensación de inseguridad.
Lograr una reducción
significativa de estos indicadores podría convertirse en uno de los principales
legados positivos de su gobierno. Sin justicia no puede existir una paz
verdadera; sin seguridad no habrá desarrollo, inversión ni progreso sostenible.
En ocasiones pareciera que Colombia aún no ha aprendido a vivir en paz.
Si sus decisiones son
acertadas y benefician al país, estoy convencido de que ciudadanos de
izquierda, centro y derecha reconocerán y respaldarán las acciones que usted
emprenda como Jefe del Estado, alejándose de la polarización reflejada en la
película "El presidente de la gente".
Reciba mis sinceras
felicitaciones para usted, su familia, los integrantes de su campaña y todos
aquellos ciudadanos que, al igual que yo, decidieron depositar en usted un voto
de confianza con la esperanza de construir un mejor país.
Le deseo abundantes
bendiciones y muchos éxitos en el honroso cargo de Presidente de la República
de Colombia.
Como decía mi abuelo:
"Adelante, cachorro;
paso de vencedores."
"El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr"




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