martes, 30 de junio de 2026


Al observar la película de Netflix "El presidente de la gente", en la que usted tuvo una participación especial, analicé los comentarios positivos y negativos que surgieron tras su victoria en la segunda vuelta electoral del 21 de junio, mediante la cual la democracia participativa lo eligió como nuevo Presidente de los colombianos.

Permítame expresarle algunas consideraciones sobre la realidad sociopolítica del país que, respetuosamente, podrían ser de utilidad para los lineamientos y directrices que orientarán su gobierno.

Desde el inicio de su mandato y hasta su culminación, procure no dejar abierta la puerta al retorno del denominado comunismo del siglo XXI, al terrorismo, a interpretaciones equivocadas del socialismo y del progresismo, ni al fortalecimiento de quienes, después de haber delinquido, pretendan nuevamente ocupar los más altos cargos del Estado.

Antes de adoptar cualquier decisión, tanto usted como su gabinete deberían considerar cuidadosamente sus consecuencias, especialmente cuando estas afecten al pueblo colombiano. Recuerde la frase escrita en la Universidad de Harvard: "Duros con el problema y suaves con las personas", naturalmente con quienes obran dentro de la legalidad.

Colombia necesita un gobernante que sea guía, líder, gerente, protector y, sobre todo, un ser humano capaz de comprender las dificultades que enfrentan quienes diariamente padecen la pobreza, la violencia, el maltrato, la injusticia y los permanentes atropellos derivados de la corrupción en sus múltiples manifestaciones.

La Presidencia de la República ha sido ocupada por mandatarios cuyas actuaciones han generado profundas divisiones y cuestionamientos en distintos momentos de nuestra historia. Aspiro a que usted sea recordado como el Presidente que marcó una verdadera diferencia desde su llegada a la Casa de Nariño, dejando como legado la transparencia, la justicia y el servicio al país.

Es indispensable escuchar a los gremios; sin embargo, le ruego no descuidar jamás la voz del verdadero pueblo: hombres y mujeres trabajadores, humildes y vulnerables que merecen una mirada humanista, sincera y cercana, así como un gobernante que honre su palabra.

Existen múltiples mecanismos para acercarse a la ciudadanía. Utilícelos todos, permitiendo que las necesidades de los colombianos traspasen los muros del Palacio Presidencial y del gabinete de gobierno. Al mismo tiempo, mantenga la prudencia frente a la denominada "malicia indígena" y a las prácticas de corrupción que, lamentablemente, también afectan a algunos sectores de la sociedad.

La violencia en Colombia se genera por múltiples causas, entre ellas las deficiencias en la educación, la desinformación, la pérdida del respeto por la vida, el debilitamiento de los principios y valores, la falta de oportunidades laborales dignas y la elevada corrupción. Promueva una verdadera articulación entre las ramas Ejecutiva, Legislativa y Judicial para conducir al país hacia un camino de mayor seguridad, estabilidad y desarrollo.

La inseguridad, alimentada por el narcotráfico y por los grupos armados ilegales, continúa siendo uno de los principales factores de desestabilización del orden constitucional y de la convivencia ciudadana. El adecuado liderazgo de la Fuerza Pública, unido al reconocimiento de los reservistas y veteranos de la patria, constituye una responsabilidad que seguramente ya forma parte de sus prioridades.

No obstante, considero necesaria una visión más profunda sobre la misión institucional de nuestras Fuerzas Militares y de Policía. Es fundamental fortalecer su respaldo jurídico, su autoridad operacional y el ejercicio del mando y control, tanto frente a las amenazas externas como a los desafíos internos, propios de quien ejerce la condición de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

La Fuerza Pública, como pilar de la democracia, debe recuperar plenamente la confianza ciudadana y convertirse nuevamente en ejemplo de honestidad, honor y vocación de servicio para quienes portan las armas de la República en representación y defensa del pueblo colombiano, conforme a lo dispuesto en los artículos 217 y 218 de la Constitución Política.

Episodios tan dolorosos como los denominados falsos positivos, los casos de corrupción y otras actuaciones cuestionables deben quedar definitivamente en el pasado. Colombia necesita volver a confiar en hombres y mujeres íntegros, respetados y creíbles, tanto en el campo como en las ciudades. Alcanzar ese propósito exigirá liderazgo, voluntad política y acertados nombramientos en el sector defensa, responsabilidad que recae directamente sobre el Presidente de la República.

Colombia está cansada de observar cómo algunos dirigentes, partidos políticos y políticas públicas dejan tras de sí profundas huellas de corrupción. En mi opinión, el gobierno del presidente Gustavo Petro tampoco estuvo exento de cuestionamientos y controversias, lo que resultó especialmente decepcionante para quienes esperaban un cambio significativo. Considero que el país merece una oportunidad para recuperar la honradez, la ética y la confianza en el ejercicio de la política.

La salud, la economía, la educación, los servicios públicos, la movilidad, los sistemas masivos de transporte, las relaciones internacionales, la migración, el aprovechamiento de la tecnología, la protección del medio ambiente y el combate contra la minería ilegal son algunos de los grandes desafíos nacionales. Soy consciente de que un período presidencial de cuatro años difícilmente permitirá resolver todos estos problemas; sin embargo, si su gobierno logra orientar el rumbo correcto, estará construyendo un mejor futuro para Colombia.

Permítame acudir al campo de su mayor experiencia: la justicia. Un maestro de la Escuela Militar de Cadetes me enseñó que "la justicia consiste en darle a cada quien lo que merece". Considero que ese principio constituye uno de los pilares fundamentales para comenzar a corregir muchas de las dificultades que hoy enfrenta nuestro país y, hasta donde conozco, usted posee la formación necesaria para comprender su verdadero alcance.

Superar y reducir los efectos del terrorismo ejercido por organizaciones armadas ilegales, como el ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo, así como combatir el narcotráfico, los homicidios, el hurto en todas sus modalidades, el secuestro, la trata de personas, el sicariato, el reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes y la extorsión, constituye una tarea urgente. Estos delitos continúan proyectando una imagen internacional preocupante y mantienen a millones de colombianos bajo una permanente sensación de inseguridad.

Lograr una reducción significativa de estos indicadores podría convertirse en uno de los principales legados positivos de su gobierno. Sin justicia no puede existir una paz verdadera; sin seguridad no habrá desarrollo, inversión ni progreso sostenible. En ocasiones pareciera que Colombia aún no ha aprendido a vivir en paz.

Si sus decisiones son acertadas y benefician al país, estoy convencido de que ciudadanos de izquierda, centro y derecha reconocerán y respaldarán las acciones que usted emprenda como Jefe del Estado, alejándose de la polarización reflejada en la película "El presidente de la gente".

Reciba mis sinceras felicitaciones para usted, su familia, los integrantes de su campaña y todos aquellos ciudadanos que, al igual que yo, decidieron depositar en usted un voto de confianza con la esperanza de construir un mejor país.

Le deseo abundantes bendiciones y muchos éxitos en el honroso cargo de Presidente de la República de Colombia.

Como decía mi abuelo:

"Adelante, cachorro; paso de vencedores."


"El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr"



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(Santa Marta - Colombia)

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