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jueves, 18 de marzo de 2021

Los tiempos de funcionamiento de la Comisión Especial de la Verdad, están llegando a su fin y esperamos leer un informe y diagnóstico del conflicto colombiano lo más imparcial posible, ceñido a la verdad y para nada desequilibrado, si partimos de la base que sus comisionados son 9 de oposición, uno neutral y uno afecto a la Fuerza Pública. 

Sin embargo, un grupo de militares y civiles inquietos vienen escribiendo y publicando sus experiencias, vivencias y posiciones, frente a los hechos y realidades vividas con altruismo, alegrías y vicisitudes al interior  del Ejercito Nacional y fuera de él, con el ánimo de dar a conocer situaciones que quizás no son conocidas y tenidas en cuenta por el estado colombiano como por ejemplo: 

1 – Memorias Militares, escrito por Martin Nova Estrada, empresario y productor de la película, Colombia Magia Salvaje, hijo del Subteniente en retiro Ramón Nova, la primera edición se emitió y se lanzó el 10 de diciembre del año 2020, el libro es una recopilación de entrevistas de 12 ex Comandantes del Ejército Nacional, que ilustra sobre sus vivencias y experiencias como actores fundamentales en el desarrollo del conflicto colombiano, su prologuista es Ricardo Silva Romero. 

2 – Memorias de un Soldado, escrito por el Coronel de la reserva Carlos Martínez Caballero, la primera edición se emitió el 27 de noviembre del 2020 y su lanzamiento fue el 12 de diciembre a nivel nacional e internacional, busca dar a conocer el contexto humano de la profesión de ser oficial del Ejército, durante 30 años de servicio vocacional, donde se atraviesa desde 1986 hasta el año 2016, por un sinnúmero de cargos, hechos históricos, el conflicto, narcotráfico, ciudades y países buscando dejar huellas importantes a la memoria histórica del país, su prologuista es la periodista Salud Hernandez-Mora. 

3 – Más allá del Magdalena Medio: crimen, violencia y guerrilla (1948-1964), escrito por el General en reserva Carlos Alberto Ospina Ovalle, la primera edición es de noviembre de 2020 y publicado en enero del 2021, se buscó mediante un método investigativo y sociológico presentar el origen y la historia del conflicto armado colombiano a través de los años antes enunciados, su prologuista es Manuel Bermúdez Tapia. 

4 – Vivencias, escrito por el Soldado Profesional de la reserva Álvaro de Jesús Rossa Gutiérrez, la primera edición se emitió en octubre del 2020 y se lanzó en enero del 2021, su contenido busca mediante cuatro hechos históricos de su vida personal como soldado, dar a conocer algunas de las situaciones por la que atraviesan miles de soldados en el país, dejando en ellas un sentido humanístico y real de una mínima parte de las vivencias de la historia del conflicto colombiano. 

5 - ¿Un proceso de paz inútil? escrito por el Mayor General de la reserva Eduardo Herrera Berbel, la primera edición es de febrero del 2021 y se lanzó en los primeros días de marzo, es un diario personal desde adentro orientado de manera crítica y propositiva sobre el proceso de paz con el ELN, su prologuista es Frank Pearl. 

6 -   Bautismo de Sangre, escrito por el Teniente Coronel de la reserva Guillermo Alfonso Enciso Prieto,  su primera edición es del 15 de febrero y se lanzó en los primeros días de marzo, la temática está orientada a presentar la experiencia personal del escritor en su primer grado como oficial en el sur del Tolima, donde vivió de manera personal un combate resultando herido por las guerrilla de las FARC, su prologuista es el Coronel en retiro John Marulanda Marín. 

7 -  La Colombia que recorrí, escrito por el Teniente Coronel en reserva Gustavo Alfredo Roa Cuervo, su primera edición es de diciembre del 2020 y se lanzó en febrero del 2021, la temática está orientada a 18 divertidos relatos sobre la Bogotá familiar de los años 60, sobre la Colombia rural de los años 70 y 80, sus mitos, folclor, leyendas, costumbres e historias reales de nuestros campesinos con sus retos y desesperanzas, su prologuista fue su hijo Gustavo Andrés Roa Sánchez.   

8 – El Suboficial del Ejército, escrito por el Sargento Mayor en reserva John Emyly Narváez, editado digitalmente en redes sociales, se publicó en febrero de manera virtual en redes sociales y su temática está orientada a visibilizar la identidad del suboficial colombiano desde sus orígenes, evolución y desarrollo profesional. 

En su mayoría, estos libros fueron escritos y editados durante el año 2020 en un tiempo histórico para el mundo y el país, en ellos está plasmado más que anécdotas, experiencias, hechos históricos, vivencias y situaciones relevantes del Estado, desde una perceptiva humanística de hombres que con vocación le sirvieron al país, los invito a leerlos y los motivo a escribir sus experiencias. 

 “El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano) 

  


domingo, 6 de diciembre de 2020

Reducir a 208 paginas, 30 años de la historia vivida por un oficial del Ejército de Colombia, 34 fotos, 14 comentarios y un mapa,  tratando de generar de manera sencilla un aporte a la memoria histórica del país, con el fin de que se conozca una reducida parte de lo que viven los soldados, suboficiales y oficiales es toda una hazaña, porque se podría escribir año tras año sin descanso el trasegar de los hombres y mujeres que portando las armas legitimas de la república juraron defender una bandera y un estado.

Memorias de un soldado, muestra el pasado de un Coronel que representó a los colombianos en 12 países del mundo construyendo un pensamiento referencial internacional, trabajó de manera directa e indirecta en 31 de los 32 departamentos, se entrenó para ejecutar los procedimientos tácticos, planear en lo operativo y actuar dentro de lo estratégico, manteniendo en toda su carrera los propósitos de servicio a la comunidad referenciando entre la más destacada la gestión interinstitucional para la electrificación del municipio de la macarena en el departamento del Meta. 

Los hechos que se describen en este libro, dejan evidencia de las ejecutorias con personalidades del país desde presidentes hasta soldados, recordando el nombre de más de 280 personas con quienes se compartió situaciones lamentables del conflicto colombiano, como la toma de Mitú, los carros bombas de Medellín, los combates del Guaviare, las tomas guerrilleras de municipios entre muchas otras, acompañado por un prólogo de la periodista Salud Hernández-Mora que enuncia un testimonio de su vida compartida al lado de los soldados en el sur del país. 

El recorrido por el país, le permite al escritor relatar de una forma agradable la idiosincrasia del país, su gastronomía, sitios interesantes pero también los hechos que marcaron su vida personal y sentimental en compañía de sus seres queridos, combinando los intríngulis de los hechos profesionales como oficial y del ser humano, este último factor tan importante para comprender que las instituciones castrenses fueron creadas y funcionan por seres humanos de una sociedad que vive en el constante temor de cada día. 

Cuando lea cada página, recorrerá usted las huellas que han marcado a los colombianos que se esforzaron por cumplir de manera correcta la tarea de ser soldado, de quienes mucho se habla, se critica, pero muy poco se conoce, de paso podrá dedicar unos minutos a honrar la vida de todos aquellos que dedicaron un tiempo de cerca o de lejos, por la democracia colombiana.
 

 “El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano) 


domingo, 4 de octubre de 2020


Recuerdo que estaba en Shangai - China, cuando en horas de la noche más o menos a las 7 pm y en Colombia era de día, mi compañero de la Escuela de Guerra, German David Castro me comentó por el celular que fui nombrado como Agregado Militar en la República Bolivariana de Venezuela, me encontraba en compañía del alumno y Coronel de la Policía Ramiro Castrillón Lara, quien me invitó a una cerveza para felicitarme y otro Coronel alumno de Ejército me llamó la atención por llegar 5 minutos tarde al lugar de encuentro, “vaya matices del momento y que extraño ese traslado”.

Este acontecimiento, fue anterior a la cita solicitada a la canciller María Ángela Holguín, y lógicamente a los actos protocolarios de mi despedida de la Escuela Superior de Guerra, este, sería mi último traslado de manera oficial, de aquí ya solo quedaba concursar al curso para general éste año y si pasaba, entraría nuevamente a la escuela y si no, pues pasaría al retiro como es el ciclo que cumplimos los militares, ya mi vida estaba marcada y sabía que no pasaría. 

Sin embargo, la misión diplomática encomendada con mi nombramiento era importante y como les conté mi primera acción fue reunirme con la canciller, adelantar el diplomado para los agregados militares denominado CAMI y hacer las presentaciones pertinentes del caso para viajar, pero antes debía cumplir una serie de requerimientos entre otros, recibir un decreto presidencial y un pasaporte diplomático. 

Esta experiencia sería otra vez innovadora, empezando por que debí viajar por un año y solo llevar dos maletas y una de ellas llevaba lo que decían, papel higiénico, enlatados y elementos necesarios para llegar a un país donde supuestamente no se conseguía nada y estaba en crisis total, los medios mostraban los estanes de los supermercados vacíos e insinuando que 30 millones de venezolanos se morían de hambre, además que debían hacer largas filas para recibir alimentos, pero la realidad era otra. 

Viajé a Venezuela, con un destino guiado, además de protegido y después sabrán por qué, pero antes déjenme contarles varias cosas, una de ellas fue que el general colombiano que fungía de inteligencia de Comando General, me localizó a dos días antes de mi viaje, dijo que me necesitaba urgente y no me podía ir sin hablar con él, duré cuatro horas esperándolo y cuando lo ubiqué, me atendió cinco minutos y me dijo “no puede enviar nada escrito todo será personalmente, cada dos meses debe venir a Colombia a recibir instrucciones y dígale lo mismo a los que están allá de mi parte, aquí hablaré con ustedes” y esa fue la gran instrucción, por ello, aún sigo esperando que me llamen ¿será que sigo esperando?. El comandante general lo único que me dijo cuando estaba en peluquería fue “esté listo por si tiene que regresar” aún no viajaba, el comandante del Ejército tampoco me dijo nada solo “éxitos”, y yo decía para mí, más tiempo me dedicó la canciller, ¿será que no sabían para dónde iba? 

Lo cierto es, que para ir a Venezuela casi siempre mandaban coroneles del arma de inteligencia y supe que ya habían mandado varias hojas de vida, y el gobierno del país vecino no había dado el beneplácito y no me pregunten por qué, pero mandaron mi hoja de vida y fue aceptada, supuestamente estaba proyectado para ir a los Estados Unidos y terminé en Venezuela, bueno mi comisión fue como agregado militar y solo fuimos de ese año 23, los que llevábamos esa designación para los diferentes países, los otros irían como adjuntos, estudiantes u otras designaciones, por lo menos para los del Ejército. 

El caso es que viajé y llegué un viernes al aeropuerto de Maiquetía, me hospedé en un hotel de Caracas, mientras tanto, al día siguiente en horas de la mañana lo primero que percibí fue las  manifestaciones gigantescas por el sector donde estaba y “ni corto ni perezoso”, me fui a ver qué era eso y analizar lo que pasaba, me compré una gorra de Venezuela y a caminar se dijo, la verdad aún no entendía lo que ocurría, pero debía estar cerca para escuchar y comprender que se trataba del grupo de Leopoldo López Mendoza de la oposición, que estaba en las calles. 

Ese fin de semana, solo me quedó tiempo para hacer reconocimiento del sector donde vivía en Chacao, ver donde quedaba una iglesia que por cierto un día fui a solicitarle al padre una misa por unos hechos lamentables en Colombia y el cura apenas le dije que era para mí país, fue como “haberle recordado a su progenitora” no les diré lo que dijo, ya que el cura era chavista, lo supe después. 

En el sector donde estaba, habían varios monumentos interesantes, uno el de Badén Powell más conocido como BP fundador de los SCOUT del mundo, y otro de Francisco Antonio Zea en el parque conocido como la Plaza Colombia, allí cerca estaba también la casa Colombia, residencia asignada para el embajador de nuestro país, para mí, ese sector fue curioso, por el nombre de mi patria, porque soy scout y por haber sido comandante de la unidad en Ibagué que lleva el nombre del prócer, que curiosidades tiene la vida. 

Mi presentación en la embajada el lunes con corbata fue toda una anécdota, primero porque no había embajador, había sido llamado al país supuestamente por salir a los medios de comunicación dando declaraciones no autorizadas, pero después supe cuál fue la realidad de Luis Eladio Pérez, teníamos al Ministro Plenipotenciario Jaime Barrera a cargo y a los que estaban en las oficinas los saludé, especialmente a los oficiales y suboficiales agregados. 

Segundo, porque a la hora de mi llegada a la embajada, la primera secretaria, Sara Rocío Prieto, nos mandó a llamar a los tres agregados por órdenes del ministro supuestamente y pensé que sería para darme la bienvenida, pues no, nos llamó la atención a los tres coroneles uno de cada fuerza, porque ella había pasado revista a los baños de hombres y había encontrado un chicle en el orinal, la verdad me quede como dicen “anonadado” esa observación me pareció fuera de todo, pero bueno estaba en territorio colombiano. 

En la primera semana, cumplí la orden del general de inteligencia de Colombia y me reuní con los agregados y con los suboficiales para trasmitir la orden y buscar en ellos un trabajo en equipo dentro de nuestras funciones y esa fue otra sorpresa, el oficial de Fuerza Aérea y el de la Armada dijeron en palabras más o menos “yo no vine a hacer nada, a mí me dijeron que no hiciera nada y eso hare” quedé frio, como quien dice estaba “solo” porque ni el sargento de Ejercito quiso hacer nada. 

Días después, traté de comprender la organización de la embajada y como encajaba mi cargo para cumplir la misión de la comisión, elaboré como siempre lo hice en mis cargos, un plan de trabajo y fui a mostrárselo al ministro plenipotenciario y no se extrañen de esta respuesta “Coronel usted a quien le quiere coger puntos”, llevo cinco años aquí y ningún coronel ha presentado un plan de trabajo”, por primera vez en todo este relato de mi vida me nace decir una grosería “mierda” quedé peor, creo que estaba en el lugar equivocado, sin embargo seguí en mis convicciones en un ambiente laboral que consideré bastante hostil y poco amigable. 

Poco a poco, notaba que existía una brecha entre el personal que pertenecía al Ministerio de Defensa y al Ministerio de Relaciones Exteriores, ya lo había notado desde mi nombramiento y aquí sí que estaba más marcado, cuando me dijeron que iba para la embajada de Colombia en Venezuela, luego de mi corta experiencia en la zona de frontera, imaginaba algo así como una “embajada de Estados Unidos” donde se hacen análisis, se tocan temas de mucho interés, mapas, secretos y demás, pero llegué a unas lindas oficinas recién remodeladas. 

Por protocolo, debí presentarme al oficial de inteligencia que manejaba los agregados militares en Venezuela, el Almirante Reyes Núñez, como quien dice el homólogo del que nunca me volvió a llamar en Colombia, y el día que me presenté llevaba dos propósitos, uno hacer mi presentación protocolaria donde debía recibir una acreditación y le dije al almirante luego de los protocolos: “Señor almirante, no vine a hacerle inteligencia, vine a darle a conocer lo que son las Fuerzas Militares de Colombia, ello, debido a que me dijeron que cuando uno llega aquí, le ponen la inteligencia cubana a que lo sigan, le pido un favor, dígales que me cuiden muy bien para que nada me pase” ambos nos echamos a reír. 

El segundo propósito, fue decirle que deseábamos invitarlo a desayunar, toda vez que días antes no sé por qué, pero fui elegido por votación a vicepresidente de la Asociación de Agregados Militares Acreditados en la República Bolivariana de Venezuela, donde el Presidente era el agregado de Defensa, Militar y Naval de la República de Argentina, el Coronel Ricardo Borrasteros, los Secretarios fueron los oficiales de Rusia Teniente Coronel Vladimir Khlyupin,  el agregado Adjunto y de la República del Ecuador, Agregado Militar Naval y Aérea el Coronel John Oñate y el tesorero el Agregado Militar de la República de Paraguay, Coronel Edgar Galeano, en esos momentos los países que representábamos como Junta Directiva eran, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Trinidad y Tobago, Republica Dominicana, Cuba, México, Estados Unidos, España, Irán, China, Vietnam, Rusia, Países Bajos y Bielorrusia, otros países no hacían parte de la organización. 

No sé si le caí bien al Almirante, si fue mi sinceridad, simple protocolo o como dicen “es mejor estar cerca del enemigo”, según contaban, poca atención le colocaba a los agregados, pero en ese año las cosas cambiaron, casi todas las actividades que planeamos se cumplieron, por cierto; un agregado militar o de defensa cumple varias misiones fundamentales, la cooperación militar, la cooperación en materia de armamento, la visión estratégica, es un consejero en materia de defensa para el embajador, un observador y analista del tema militar, además de cumplir la función protocolaria de representar a su país en otro estado frente a los demás países acreditados. 

Fue así, como la dinámica nos permitió visitar la Academia Militar del Ejército en el Fuerte Tiuna, donde por respeto no tome una fotografía pero lo vi en la oficina del director, en vez de ver en grande una pintura de Bolívar estaba la del Che Guevara y otra de Chávez, si eso pasa con el director ya se podrán imaginar lo que ideológicamente tendrán los alumnos en su formación, visitamos la academia militar de la Guardia Nacional y de la Armada Bolivariana, el Grupo de Acción de Comando de la Guardia Nacional, el Comando de la Armada, la Base Naval Agustín Armario, la Primera Brigada de Infantería Marina y el Panteón Militar. 

Dentro de nuestros objetivos, planeamos una acción social humanitaria y para conseguir recursos realizamos una caminata al bien conocido y majestuoso Cerro El Ávila, con lo recogido conseguimos elementos básicos para mínimo un año, para un colegio de niños de escasos recursos del Estado de Miranda en Santa Isabel Mariche, colegio C.E.I.E. Alfre Isabel, quienes quedaron muy agradecidos. 

Fue extraordinaria la amistad diplomática que se tejió días tras día, actividad más actividad y reunión tras reunión, en las cuales busqué representar un poco la historia y trayectoria de nuestro Ejército colombiano, al punto que celebré el 7 de agosto con un acto público donde asistieron embajadores, agregados, diplomáticos, conocidos y amigos a tan importante fecha histórica de mi país. 

Mi trabajo en la embajada, buscó dejar huellas dentro las posibilidades que me permitieron, como fue elaborar el estudio de seguridad de la Casa Colombia, el plan de evacuación de todo el personal en territorio venezolano que en el año 2019 se dio cuando el gobierno de Maduro expulsó a los funcionarios de la diplomacia del país y me pregunté ¿habrán utilizado el plan que les dejé? Creo que no, no tuvieron tiempo de nada, orientar a los consulados de Caracas, Machiques, Maracaibo, Mérida y Valencia sobre un regreso inesperado y la seguridad de Venezuela, hablar de mi país en los medios de comunicaciones que me invitaron como fueron La X y 95.5 de FM, asistir a los actos oficiales protocolarios en Caracas donde logré firmar el libro histórico en el natalicio del libertador en el Panteón Nacional, asistir a las reuniones binacionales con ministros de los dos países en Caracas y en Santa Marta, donde se buscaron intentos fallidos de buenas relaciones por los problemas fronterizos. 

Les dije que comentaría sobre el país, cuando fui entrando a conocerlo, me di cuenta que muchas cosas se exageraban, por ejemplo que no había harina, eso era falso, nunca dejé de ver pan en las panaderías y azúcar y elementos básicos para comer, lógicamente en ciertos sectores de la ciudad conseguirlo era más difícil que en otros, los medicamentos habían, pero escaseaban por momentos, había zonas más delicadas que otras como todas las ciudades y sectores más caros que otros, lo cierto es que las personas necesitadas o que recibían bajo sueldo tenían acceso a un sistema de apoyo de mercados y alimentos a bajo precio, o precio justo que llamaban, lo curioso del tema es que el gobierno entregaba y ellos bachaqueaban (revender) eso era un negocio, pero hacia parte de la manipulación del pueblo. 

La seguridad no era la mejor, la delincuencia obligaba a recogerse temprano, tener mucha prevención, las marchas y manifestaciones generaban tensiones y daños a la ciudad, muchas cosas escaseaban por días, pero otras favorecían a la población como la gasolina que casi no tenía precio; sin embargo, algo bastante curioso que presencié fue el monumento a “Tirofijo”, la pintura de “Raúl Reyes” y el “Mono Jojoy” de las FARC en el barrio 23 de enero en la capital del país y un gigantesco mural publicitario a la organización terrorista, esa son de las cosas que uno dice “no te la puedo creer” pero así fue, la nación vecina le rendía tributo a los grupos terroristas de Colombia a escasos kilómetros del Palacio de Miraflores. 

Por otro lado, fui testigo de cómo enviaban militares de las fuerzas a Cuba para capacitarse ideológicamente, eso era impresionante las cantidades, vuelos entre 90 y 100 estudiantes de manera mensual, algo casi que increíble, lo digo porque lo vi y el oficial del Ministerio de Defensa que manejaba el programa educativo era de comunicaciones y lo conocí, pero también escuché en varias oportunidades de militares que la intención era volver a crear la Gran Colombia de Bolívar, pero con la ideología que ellos tenían  ¿será que ya estamos en ese camino y no lo hemos visto? 

Por cierto, al final de mi carrera como Coronel, y al inicio como Subteniente, me crucé con los generales de apellido Mejía, el padre y el hijo, ambos dejaron en mí un sin sabor y se ganaron mi opinión, el padre nos trató con desprecio en Facatativá en una visita al Cantón de Comunicaciones y su hijo el General Mejía repitió la historia cuando llegó a Caracas, que tipo tan mal educado, impotable y humillante, ni siquiera nos saludó a los agregados, no me dirigió la palabra ni para preguntarme como está, o que ha pasado por aquí, se suponía que era el Comandante del Ejército y yo el agregado militar, es así que se la pasó viendo el celular todo el tiempo, después dicen por que los tratan como los tratan y porqué pensamos lo que pensamos. 

Un año pasa volando y Colombia es de los pocos países que envía diplomáticos por corto tiempo casi todos los mandan por dos o tres años para dar continuidad a programas y misiones objetivas. 

Les dije que no pasaría… por sencillas razones, en 200 años de la historia del Ejército solo habían llamado de la especialidad de comunicaciones a dos coroneles para adelantar curso, como decían, uno cada 100 años y yo no sería el tercero, la verdad tenía más cosas en contra que a favor,  al interior de la fuerza existe el proselitismo de arma y la xenofobia, los Generales de las armas se reúnen a puerta cerrada y ellos pelean por sus relevos de sus armas y de comunicaciones no había nadie y así muy difícil, por otro lado se supone que lo necesario son combatientes y allí tenía otra desventaja, de una u otra forma existen intereses, en fin, no tengo resentimiento por eso, todo fue la voluntad divina. 

Lo cierto es que el 31 de octubre salió el resultado y la respuesta fue “no estaba mi nombre en los seleccionados” lloró más mi hija Susana que yo, ese día disfracé mi personalidad del Capitán Jack Sparrow y me fui a repartir dulces en las calles de Medellín para luego regresar a mi cargo en Caracas, como se dice en el argot popular “la suerte está echada”. 

No puedo dejar de mencionar, que en ese país encontré dos familias que me acogieron, la de la señora Ana Luisa Martínez Orozco y el señor Luis Carlos Norohna portugués Q.E.P.D. que adoptaban a colombianos, y la del señor Euclides José Barroeta Saavedra y su señora Nolide Josefina Fariñas, ambas buscaron orientarme, acogerme y hacerme sentir en confianza, es más me acogieron como un hijo y hermano, doy gracias a Dios, por ponerme en manos de gente buena, amable y cordial. 

Los militares y policías del país vecino jamás me hicieron sentir mal en las actividades, en términos generales hay mucho que nos une al vecino país como por ejemplo la historia, la ubicación geográfica, las costumbres, el relacionamiento humano y una frontera de más de 2200 kilómetros de largo. 

Es muy sorprendente y lamentable, ver como una nación que casi fue la potencia de Sur América, hoy este padeciendo las consecuencias de una ignorancia social, con un cambio de 1 dólar por 410 mil bolívares, una pésima decisión política y una economía desprestigiada y casi diez millones de ciudadanos regados por el mundo viviendo un problema que desde que salí, le auguré 10 años más para iniciar a ver cambios positivos, ya voy por la mitad de mi profecía con un destino totalmente confuso. 

“El camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano) 


domingo, 14 de junio de 2020

Ya trabajando en el Cuartel General de la Cuarta Brigada, (inaugurada en el mes de febrero) y cuando apenas se terminaba de reconstruir la infraestructura y amoblarla con presupuesto del Ejército Nacional y apoyados por la Gobernación de Antioquia, además de la sociedad antioqueña, luego de dos años del atentado terrorista, el 15 de marzo del 2000 nuevamente se recibió otro atentado.

Acababa de pasar por la guardia a las 2 de la tarde ese día y a menos de un metro para ingresar a las oficinas, sonó el primer cilindro bomba y al segundo, los siguientes dos más en contra de las instalaciones, que fueron lanzados desde un carro de estacas por la calle 49, que lamentablemente estallaron en casas vecinas de la comunidad del barrio Estadio, ya se podrán imaginar la experiencia para todos los que iniciábamos las labores de la tarde y en especial para la compañía de seguridad privada donde explotaron los cilindros.

Bendito Dios, que no hubo grandes consecuencias humanas, pero sí materiales, nuevamente el terrorismo guerrillero utilizaba métodos no convencionales que demostraban su modus delincuencial.

Por esos días, se recibió una orden superior acompañada de una información, sobre la presencia de los cadáveres de los indigenistas americanos secuestrados y asesinados por las FARC, localizados supuestamente en el sector del Municipio de Murindó y con el Comandante de la Brigada Brigadier General Eduardo Herrera Verbel y el Oficial de Operaciones nos tocó viajar hacia Quibdó Chocó, para atender las acciones de recuperación y exhumación de los cuerpos, en compañía de funcionarios de la Fiscalía General de la Nación, información que terminó siendo falsa.

Para el 28 de marzo, el frentes 34 y 57 de las FARC, realizaron un atentado terrorista sobre la población del Vigía del Fuerte, 20 muertos entre policías y civiles fue el resultado de la masacre, donde se utilizó un explosivo que dejó los cuerpos de los uniformados como gelatinas, sus huesos habían quedado destruidos, cuanta maldad y barbarie fue presenciada por mis ojos.

Como los militares nunca dejan de actualizarse, recibí capacitación en Medellín sobre plantas telefónicas, ya ingresaba una mejor tecnología al servicio de la institución y lógicamente de la sociedad antioqueña, por su parte el Oficial de Comunicaciones de la Primera División planeó y ejecutó el seminario en las instalaciones de ACORE Antioquia al cual asistí de igual manera.

Como todo ciclo de permanencia en las unidades militares termina, el mío se había acabado, fui llamado a curso para ascenso al grado de Mayor en la Escuela de Armas y Servicios en Bogotá, allí, logré aprobar la fase de especialización en comunicaciones en Facatativá Cundinamarca, el  Curso de Comando, el Curso Básico en Derechos Humanos, la Especialización en Administración de Recursos Militares y obtuve orgullosamente el título de Profesional en Ciencias Militares, todos los títulos aprobados por el Ministerio de Educación; como ven, la preparación de un militar avanza progresivamente, bajo el concepto educativo holístico (humanista, constructivista y conductista).

Los premios van llegando con el reconocimiento de la misión cumplida, para ese año fui condecorado con la medalla de las comunicaciones militares Manuel Murillo Toro impuesta en ceremonia en Facatativá Cundinamarca por el Brigadier General Francisco Varón Velazco primer oficial de insignia del arma de comunicaciones en la historia del Ejército Colombiano.

Rápidamente, pasaron 6 meses de preparación académica, ahora la nueva destinación, fue la Brigada de Infantería No 14 con sede en Puerto Berrio Antioquia, me esperaba el Magdalena Medio, donde se unen por jurisdicción militar los departamentos de Antioquia, Santander y Boyacá a lo largo del rio Magdalena, que entre otras curiosidades, existía un letrero a la entrada de Puerto Boyacá que decía “Puerto Boyacá Capital antisubversiva de Colombia”; en el Batallón Bomboná al lado de dos compañeros de ingenieros y uno de infantería ascendimos al grado del Mayor.

La vida de un militar está hecha de esfuerzos y reconocimientos, este nuevo grado representó para mí entre otras, la experiencia adquirida durante 15 años de vida militar, subir la responsabilidad laboral del nivel táctico a lo operacional, terminar con nostalgia la etapa del Capitán, donde se dice “es el doctorado de la milicia” y recibir altivamente la responsabilidad del oficial superior, pasar de la etapa ejecutoria a la de planeación y supervisión, asumir las funciones en un Estado Mayor (hacer apreciaciones, planear, asesorar, recomendar y supervisar) o asumir el mando de una Unidad táctica como Ejecutivo y Segundo Comandante.

En Colombia, los oficiales que ostentaron el grado de mayor, cumplieron una labor fundamental en el desarrollo del conflicto interno, asumiendo la difícil misión de ser Comandantes de los Batallones de Contraguerrillas, depositando en ellos, la invaluable misión de ejecutar los diferentes planes de campaña del Ejército, orientados bajo una estrategia nacional, como primera línea de defensa operacional, contra las guerrillas de las FARC, ELN y el EPL.

En esta etapa de mi vida militar, algunas cosas empezaban a cambiar, entre ellas, el portar en la gorra, los laureles que representan el reconociendo a la labor cumplida, el viejo sable recibido de Alférez, cambiaría por uno con un león de ojos rojos, en cuya vaina estarían inscritas las letras “República de Colombia”, entre tanto, las estrellas de Capitán cambiaron por la barra y la estrella, insignia de la cual existe una marcha musical militar denominada “barras y estrellas”… Y así, empezaría un nuevo ciclo en mí vida como militar.  

“El camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)



domingo, 24 de mayo de 2020

Como olvidar ese año 1998, fueron 12 meses de hechos imborrables a causa de la violencia guerrillera del país, iniciemos recordando que los Batallones de Contraguerrillas ingresaron al área de operaciones el 14 de octubre del 97 y luego de cuatro meses en la selva se dieron los primeros permisos, la mitad del Batallón de Contraguerrillas No 52 salio a descanso y la otra mitad al mando del Mayor Jhon Aguilar Bedoya se quedó en operaciones.

Fue así, como en la tarde del 2 de marzo más o menos a las 4:20 pm se escuchó por la radio la palabra clave que nos alertaba a todos “estamos en combate” y luego gritos de auxilio “urgente apoyo de fuego urgente” solo recordar me lleva nuevamente a los hechos, el batallón 52 estaba en combate y los batallones del área estaban lejos para apoyar rápidamente; lo inmediato, era enviar apoyo aéreo desde la base de Tres Esquinas Caquetá a la quebrada el Billar donde estaban las tropas enfrentando un sangriento escenario.

Primero, apoyó el avión fantasma y luego los OV10, las tropas en tierra pidieron apoyo de fuego casi encima de ellos, quiere decir que el combate fue cercano, la hora del combate no les permitió mucha capacidad de maniobra en medio de la selva, el sol ya casi se ocultaba y la guerrilla fue despiadada, entre otras, con tiro de gracia vi el cadáver del Subteniente Riascos Godoy Harol q.e.p.d., uno de los primeros oficiales afrodescendientes y así hicieron con los otros 4 oficiales.

Los resultados fueron nefastos, me toco escribirlos en un tablero, heridos 20, secuestrados 27, ilesos 27 y muertos 73, el armamento en su mayoría se lo robo las FARC al igual que el material de comunicaciones e intendencia.

Los 10 días subsiguientes los viví en la carpa de comunicaciones, de allí solo me paraba para ir al baño y bañarme, en esos días, a la una de la mañana me embarcaba en el avión fantasma para tratar de ubicar al mayor que estaba con 5 hombres perdidos en la selva y se necesitaba que tomara contacto con las tropas que ingresaron a recuperar los heridos y los perdidos, al cuarto día se logró, fue una historia muy triste, vi a militares llorar, a otros angustiarse y a varios morir, ¿será que  imaginas 73 muertos en línea, uno al lado del otro?

A mi carpa llegó el Presidente Samper y no sabía que decirle a las tropas, solo les pregunto “como está el tiempo por allá” y las tropas en el área le respondieron un cinco, me toco explicarle y escribirle lo que le diría a nuestros hombres en el área, el Presidente, no sabía qué decir.

Luego de evacuar hasta el último hombre herido, recuperar los cadáveres, hacer las primeras investigaciones, todos fuimos evacuados y llevados nuevamente al Fuerte Militar de Tolemaida a un proceso reorganización y reentrenamiento, atención y orientación, entrega de elementos y cambios de personal, les confieso que comprendí lo que es un cambio de escenario entre la guerra y la paz.

La Semana Santa la pasamos en Tolemaida, el Comandante de la Brigada Coronel Orlando Galindo Cifuentes fue reemplazado por el Coronel Carlos Ovidio Saavedra Sáenz y luego del alistamiento nuevamente salimos todos a operaciones, con una larga caravana de camiones desde Melgar hacia Granada Meta, esa fue otra experiencia, 54 camiones con tropas toda la noche moviéndose por la vía en mantenimiento rumbo a Villavicencio, odisea que duro 19 horas.

Poco a poco, se fueron dando resultados operaciones; pero recuerdo en octubre entre otros la evacuación de un muerto y dos heridos del Batallón de contraguerrillas No 53, uno de ellos a mi Cabo Primero Cruz López Jairo Q. e. p. d., lo habían herido a la altura del ojo derecho, el Teniente médico Jose Contreras me dijo en el helicóptero “mi Capitán no lo deje dormir, no puedo hacer nada por el aquí” en mis piernas le hablaba al suboficial diciéndole que estaba bien que no se preocupara hasta que llegamos a Villavicencio, lo evacuaron a Bogotá, lo operaron en el Hospital Militar y se estaba recuperando pero a los 10 días falleció de una hemorragia interna.

Días después me toco asumir la evacuación de un soldado que se suicidó con una granada de mano colocada en el estómago, no resistió la presión de unos problemas personales que tenía y que luego se conocieron.

En noviembre, la dinámica cambio por la toma guerrillera de Mitú, toda la Brigada Móvil ahora se movilizaba del Meta (BCG51, 52, 53) y Arauca (BCG54) hacia San José del Guaviare y rápidamente hacia Mitú capital del Vaupés en aviones C130 y helicópteros de transporte de personal, gracias al gobierno de Brasil las tropas y los bidones de combustible llegaron a la base de Querari por que los helicópteros de Colombia no podían ir y regresar a Mitú desde San José o Villavicencio; en la recuperación de Mitú tuvimos inicialmente 31 heridos y en el avión que los evacuo a Apiay me embarqué a las 2 de la mañana rumbo a San José.

Con el General Mora Rangel Comandante del Ejército al tercer día de la toma ingresamos a Mitú, episodio que recuerdo por varias razones, la primera, porque los periodistas no pudieron ir todos por cupo y por seguridad, sólo se subió al avión un camarógrafo de televisión, uno de radio y uno de prensa escrita los demás se quedaron, inconformes por la situación gritaron a los que estábamos en el avión “Militares HP ojalá se caigan de ese HP avión” ese acto fue impactante además de una periodista que casi le pegaba al General en su cara.

La segunda, la nobleza de una monja cuando pasamos por la casi destruida Casa Cural en Mitú, luego de un aguacero de dos horas debajo de un árbol y me dio dos cucharadas de arroz, un pedacito de carne y una tajada diciéndome “venga muchacho cómase este poquito”, ese fue mi almuerzo del día.

El 25 de noviembre en la vereda El tablazo municipio del Retorno Guaviare el BCG54 entro en combates con el Bloque Oriental de las FARC, seis cuadrillas lo atacaron la 7, 16, 39, 44 y 53 dejando como resultado 24 muertos y 18 heridos, aún recuerdo cuando le dije al Coronel Carlos Ovidio a las 5 de la tarde de ése día, si quiere hablar con ellos debemos irnos ya en el helicóptero y así lo hicimos, eso era todo un campo de batalla, recuerdo que el piloto tuvo que eludir el fuego enemigo cambiando la dirección con banqueo fuerte (volar esquivando el fuego enemigo de medio lado) generando las gravedades del helicóptero y apoyando con fuego a las tropas en tierra en unión de un helicóptero de la Policía de Narcóticos.  

Fue un año histórico, de hechos lamentables y de tensión para el país, las huellas del conflicto quedaban cada día marcadas en mi mente y sé que nunca se borraran, hoy solo queda orar por todos esos seres humanos que murieron por una causa llamada país.

Ojalá nuestros actos como militares y policías retirados sirvan para honrar a esos hombres, y la oportunidad política que le brindó Santos a las FARC, sea aprovechada para algo más que la búsqueda egoísta del poder político, manejar el erario y transformar erróneamente al país, si eso no ocurre; la muerte de tantos hombres habría sido en vano.



“El camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)



viernes, 28 de febrero de 2020


El suiche (así le decían a los Subtenientes) dejó de ser recluta, ya había pasado un año y esta vez la alegría de ser militar debía continuar, de una compañía de instrucción pasé a ser Comandante de la Compañía de Policía Militar del BASER 11; que bien, ya tenía un poco de antigüedad y las responsabilidades aumentaron ahora en la calle, como por ejemplo: los fines de semana patrullas de control en lugares públicos, bares, discotecas, billares, barrios de zona roja, retenes sobre las vías y escoltas de explosivos a áreas difíciles como Valencia y Tierra Alta en Córdoba, ademas del Bagre Antioquia.

Recepción de explosivos en el aeropuerto, movimientos motorizados que se hacían en saltos vigilados y con seguridad de las vías por parte del Batallón Junín; en ese tiempo a los ganaderos los desalojaban de sus tierras, extorsionaban a la población y la guerrilla hacía retenes ilegales además de generar pánico poblacional; atentados terroristas a los desplazamientos motorizados de tropas en los vehículos verdes del Ejército (no sé, por qué ahora, se les dio por pintarlos de blanco, ¿qué subliminal existirá detrás del color?).

Las compañías de Policía Militar por su entrenamiento, cumplían varias misiones, pero la primera de ellas era ejercer control sobre los propios militares, por lo menos en varios países del mundo, proteger las instalaciones y apoyar el control de localidades si es necesario (control de disturbios de orden urbano).

Ese año, fue bastante especial, nos tocó apoyar el dispositivo de las elecciones patrullando en las áreas de Cerete y Mata de Caña, con énfasis en San Pelayo, para la época se debió apoyar a la Alcaldía llenando sacos terreros para una barrera de protección por la creciente del Rio Sinú. Ya empezaba a sentir la responsabilidad del Ejército en cumplimiento de la misión.

El Ministro de Defensa saliente, General Jaime Guerrero Paz y el entrante, General Oscar Botero Restrepo, nos visitaron, situación que no era muy común por el rango y las responsabilidades que tenían, fueron ellos los últimos militares que ocuparían ese cargo, desempeñado desde el año de 1810.

Fui privilegiado en su momento, estar encargado de la seguridad cercana del Presidente Virgilio Barco Vargas en unión de la Policía Nacional desde su llegada hasta su retorno a Bogotá, fue para mí una experiencia de mucha responsabilidad, situación que marcaba mi vida a mis escasos 21 años.

Año intenso; bueno así debe ser la vida de un Subteniente, intensa, para que aprenda rápidamente y adquiera antigüedad, mucho trabajo y poco descanso; eso permite como decían en la época para que uno no se desmotivara. Púes bien, el señor Mayor Luis Carvajal Lazo oficial B1 de la Brigada 11 me había apoyado para ir a curso de Paracaidista Militar en Apiay Meta, la Cuna de los paracaidistas, que emoción (se decía que un oficial logístico no tenía derecho, pero lo logré), el curso se llamó Capitán Barajas Espitia Fredy 453 en honor de mi Capitán que había muerto en un accidente aéreo.

Debo contarles que es una maravillosa experiencia de vida, no por la forma como me exigieron en la fase de tierra por parte de los tácticos, el Subteniente Arévalo Poveda Rafael, el Sargento Mayor Hernández y el Sargento Segundo Riveros este último nos llamaba a toda hora gallinetas, gurrupletas y piojosas, le fascinaba ponernos a correr a toda hora y en todo momento, situación comprensible, debes fortalecer las piernas y los pies para poder descomponer la caída y no fracturarse las piernas en un salto de paracaidismo militar.

Un día antes del primer salto sufrí de cálculos renales y pensé que no podría saltar, pero Dios es grande y aplazaron la actividad porque no hubo apoyo aéreo del avión. Así que logré realizar los cinco saltos reglamentarios, que experiencia extraordinaria, juro que en el tercer salto al caer lloré como un niño de rodillas recogiendo el paracaídas, porque me acorde de mi abuelo Guillermo, sentí que me estaba viendo y me dio mucha alegría pero también nostalgia, se lo dedique a él, por cierto, les cuento que el silencio en el cielo es inigualable.

Pero la vida de un militar es así y a mi regreso del curso a Montería, me esperaba un traslado. Apenas empezaba a cogerle el gusto a la ciudad y al cargo, ya me tenía que ir; de Montería Córdoba salte al Caquetá, aumenté de número, de la Brigada 11 a la 12, del Batallón de Servicios 11 al 12, jamás había visitado esa tierra, y menos como lo hice, en Bus, de Montería a Santa Marta, de allí a Bogotá e inmediatamente a Florencia, solo daban 5 días de movimiento.

Asustado por que viajaba solo, con la tula verde, los uniformes camuflados, el sable, la gorra y los pocos haberes que tenía como Subteniente, muy preocupado por varias razones, para este año, los delincuentes de las FARC salían mucho sobre la cordillera después de Altamira Huila a hacer retenes y quema de vehículo, las famosas pescas milagrosas estaban de moda, (secuestrar a personas o militares) el paso por los sitios el Caraño y Gabinete sobre la vía Suaza - Florencia se había convertido tan crítico que existía una Compañía de Caballería del Grupo Rincón Quiñonez de Bogotá ubicada estratégicamente sobre la carretera, claro, eso lo supe después de pasar y entender el problema del sector.

Definitivamente cada traslado trae una experiencia y con él un aprendizaje; de la Costa Atlántica, pase rápidamente a la Amazonia, la experiencia que se adquiere conociendo el terreno, la población, la comida, la idiosincrasia y en este departamento aún más, perteneció a los Territorios Nacionales, luego Intendencia del Caquetá y mucho después logro el nivel de Departamento, su evolución dio pie a muchos hechos históricos de violencia, muerte, atentados, narcotráfico, guerrillas y terrorismo del que aún quedan vestigios, llegó a tal punto la situación, que nombraron al señor Mayor General Eddy Alberto Payares Cotes como Gobernador, ya se podrán imaginar el problema de esa zona.

El tiempo se encarga de mostrar la realidad y mucho después supe como funciona el sistema de traslados y la causa de mi movimiento hacia esa ciudad, lo que si sé, fue que cuando me nombraron Oficial de Comunicaciones de la Brigada fueron los sargentos los que me ayudaron a pasar de la teoría a la práctica y agradezco en especial a mi Sargento Viceprimero Jairo Ortiz Guerrero de comunicaciones quien fuera para la época mi principal apoyo.

También fui nombrado Ayudante de Comando, tuve dos jefes diferentes, dos formas de ser distintas y dos Estados Mayores (asesores del comandante) completamente diferentes, aquí la responsabilidad no fue el soldado y el régimen interno, aquí ya estaba en cargos de Comando, control, planeación y Dirección con la minina experiencia para la importancia y responsabilidad del nivel al que había saltado tan rápido, lógico, la especialidad que tenía estaba diseñada para eso; pero como anexo me nombraron comandante de la Compañía de Operaciones Sicológicas y allí vuelve y juega, a aprender de otro tema importante, el trabajo con la comunidad (mal conocida en su tiempo como los del pimpón o los payasos) ah vueltas de la vida.

Florencia, Cartagena del Chaira, Venecia y Larandia fueron entre otros los puestos de mando de tres Batallones de Infantería, uno de Ingenieros, uno de Servicios y uno de Contraguerrillas, fueron entre otras las unidades militares que le asignaron al Coronel Alfonso Arteaga Arteaga y al Coronel Pedro Antonio Chaustre López que contaron con el apoyo de la Fuerza Aérea localizada en Tres Esquinas, esa tierra… la recuerdo con mucho aprecio, todos los días se aprendía algo nuevo.

Nunca olvidaré al Teniente de caballería que cayó en un retén de la guerrilla sobre la vía que pasé, secuestrado y se les escapó a las FARC. Cuando llegó a Florencia sus relatos fueron de toda una odisea, una historia de esas que se cuentan con las lágrimas en los ojos, Dios le dio una oportunidad nueva de vida, porque lo iban a matar, se entiende para que enseñaban la materia de evasión y escape en el curso de Contraguerrillas y de Lancero en el Fuerte Militar de Tolemaida.

Ésa región del país, además de su belleza e historia, me enseñó la importancia del trabajo conjunto con otras Fuerzas, un principio fundamental para garantizar la Seguridad y la Defensa del país.

Como anécdota de este año recuerdo, que participé garantizando las comunicaciones en un Apoyo de Fuego (misión Alfa) por parte de la Fuerza Aérea en un avión AC47 (fantasma) artillado con ametralladoras punto cincuenta y antes de despegar, en el alistamiento previo con la tripulación y el comandante de la Brigada solo había un paracaídas de más y el piloto preguntó “¿mi Coronel es paracaidista?” El Comandante respondió, “No, soy Lancero”, entonces el piloto expresó “entonces el teniente debe llevar el paracaídas y usted se pega de él” pero cuando estábamos en vuelo...mi Coronel me dijo “si algo pasa me entrega a mí el paracaídas…” que chistoso.

Y de la novia ni me pregunten. Miles de kilómetros me separaban de ella con ese traslado.

“El camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)

domingo, 19 de enero de 2020


Mucho se especula sobre lo que es la vida militar y considero que existe mucha desinformación sobre lo que es ser un militar, duré 30 años en el Ejército Nacional y desde mi ingreso hasta el retiro, escuche unas teorías equivocadas sobre lo que es ser un oficial, “que son de plata, que son de la alta sociedad, que son chafarotes, que solo saben gritar, que no están preparados, que solo saben de guerra” es por ello por lo que he iniciado un compromiso con mis lectores para compartirles como viví esta bonita carrera de ser soldado.

Iniciemos mencionando que no pertenezco a ninguna familia de abolengo o de clase social privilegiada, mi madre Cecilia Caballero (q.e.p.d.) la que me dio a la vida fue una señora sencilla y modesta, aseadora, oriunda de Boyacá que conoció a mi padre Haroldo Martinez Ceballos cuando este estudiaba en la Universidad Nacional de Bogotá la carrera de Arte y Diseño Gráfico y a los tres años de edad fui entregado por necesidades económicas a mis abuelos paternos que vivían en Santa Marta, Alicia Ceballos de Lavalle (q.e.p.d.) que se convertiría en mi madre de crianza y corazón y Guillermo Martínez Adarraga (q.e.p.d.) a quien siempre vi como mi abuelo.

Como ven y estoy seguro, la historia de un alto porcentaje de militares y policías de Colombia tendrá mucha similitud con la mía, quizás mejor o peor, hago esta apreciación para contarles que somos hombres y mujeres que nacimos en el seno de la sociedad colombiana, con la misma sencillez, limitaciones y problemas que cualquier otro ciudadano atravesó para lograr sus objetivos de vida.

Continúo comentándoles que para mí, el ingreso a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba fue fácil aunque reconozco que no fue sencillo, por varias razones, me había empeñado en ingresar desde hacía 3 años atrás cuando se podía hacer 4,5 y 6 de bachillerato, sin embargo, no fue posible, el programa académico que daba acceso a menores de edad estaba en su etapa final, no teníamos conocidos y nadie había prestado servicio militar en mi familia, aún así, busque al Teniente Coronel en Retiro de infantería Porras de quien no recuerdo más información, trabajaba como vendedor de seguros y cumplía la tarea de cónsul del Alma Mater.

Este último, solo me pudo ayudar cuando llegó años después el delegado de incorporación, el Capitán Alejandro Navas Ramos a quien le expresó estas palabras “si usted no incorpora a este muchacho él se frustra” era tanta mi convicción de ingresar a la carrera militar que fui SCOUT del colegio el INEM Simón Bolívar donde me gradué como bachiller metalmecánico y realice cursillos de tránsito, bombero y primeros auxilios, mi vida estaba destinada para tal fin bajo la voluntad de Dios.

Digo que el proceso fue fácil, porque jamás sentí que las limitaciones fueran un obstáculo, se recogió dinero entre los familiares que pudieron, se realizó una rifa que certifica mi amigo del Barrio Cundí Juan Manuel Paredes Bermúdez y me ayudaron con los exámenes médicos gratis algunos familiares de un joven que conocí en el proceso para la incorporación, mis papeles estaban en regla, realice la prueba física, la psicométrica, la entrevista personal además de la visita domiciliaria en casa de mis abuelos que se arregló mejor para tan importante evento, solamente quedaba esperar que la Virgen de la Milagrosa hiciera el milagro para mí, toda vez, que muchos aspirantes de todo el país hacían lo mismo que yo, buscar que un sueño se hiciera realidad.

Convencido, no me preocupe si no pasaba, sabía que sería un sí, mi fe estaba puesta toda en ese lindo proyecto, saqué la balota del no para prestar servicio militar como bachiller en el Batallón de Infantería número uno Córdoba y mientras llegaba el resultado, todo se confabulaba para mi ingreso, aún a pesar de que me decían que esa profesión era exigente, de difícil acceso por los costos y mis familiares me asesoraban para explorar otras oportunidades académicas en caso de no tener éxito.

En 1985, el Papa Juan Pablo Segundo a quien le rendí honores con la Banda de Guerra en el Aeropuerto el Dorado meses después, había decretado ese año, como Año Internacional de la Juventud. Simultáneamente en Colombia, el Gobierno decreto el Año Nacional de la Alfabetización con el Proyecto Camina, una gran marcha se realizó de solidaridad a estos dos eventos y en el balcón de la Alcaldía de Santa Marta por ausencia de una estudiante seleccionada del colegio Liceo Celedón al tercer llamado de motivación para que subiera la estudiante que nunca llegó, subí yo, a dirigir las palabras conmemorativas al evento, aún recuerdo como inicie el discurso... más no, como lo terminé.

Pero lo interesante de este evento, fue que en él conocí al Mayor Jaime Canal Albán G5 de la Primera División del Ejército, quien me tocó el hombro y me dijo “está asustado muchacho” le contesté que no y le dije “aprovechado que usted me habló deseo comentarle que yo quiero ingresar a la Escuela Militar de Cadetes” me entregó un papelito y me dio una cita la cual cumplí, ese oficial me ayudó en la realización de un curso de soldados por un día para los dirigentes Scout, hicimos polígono, marchamos y nos bañamos en la piscina del casino de suboficiales después de pasar con el menaje al rancho de tropa, como dicen, estaba en mi salsa, todo autorizado por el Teniente Coronel José del Carmen Suárez Bonilla Comandante del Batallón, ambos oficiales, dieron un voto de confianza para mi ingreso a la carrera de oficial.

Olvide el nombre del Subteniente que nos realizó la actividad del día, ya había pedido su retiro voluntario, pero me hizo un regalo que aún me acompaña, el Escudo de Colombia de su gorra verde el cual tiene una particularidad en la parte superior del ala izquierda (véase imagen en mi blog) el cual guardo con esmero y se mantuvo en mi gorra desde mi ascenso a subteniente en diciembre de 1988 hasta mi retiro como Coronel en el 2016, ah... vueltas que de la vida.

El tiempo de espera pasó, el resultado se publicó en el periódico El Tiempo a finales del año 1985, de los 32 departamentos pasamos 600 jóvenes Colombianos, 1 jóven de Honduras y 4 Jóvenes de Panamá, para un total de 605 familias que se involucraron en la historia del país, en la historia de un largo conflicto armado; de Santa Marta, de nueve aspirantes pasamos cinco, hoy comprendo que mi camino estaba escrito, los números y el gran Dios con la Virgen cumplieron mis peticiones, Dios si existe.

“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)

En agradecimiento

Virgen de la Milgrosa -
Cerro El Cundí
(Santa Marta - Colombia)

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