Por otra parte, la ley 1979 asigna
el título de veteranos a los militares y policías que hayan cumplido los
requisitos para tal fin y la ley 1861 en su artículo 58 “Activación de las
reservas” es clara en lo que se refiere a la organización, entrenamiento,
capacitación y empleo.
Actualmente, no existe una diferencia
titular entre un militar o policía ascendido por decreto o resolución a nivel
nacional, uniformado o no uniformado, hombre o mujer, general o soldado o agente,
sus grados, medallas o derechos son iguales. Por ende, no se entiende por qué
hizo carrera en nuestro léxico, la sociedad y el país en general los conceptos
de “militar retirado”, “policía retirado”, “reserva activa”, etc.
Considero que las letras “R” de
retirado deben ser cambiadas por la “V” de veterano o, en su defecto, la “RSV”
de reservista; modificar el léxico y decir “soldado profesional veterano del
Ejército” y no “soldado profesional retirado”; dejar de decir “sargento en uso
de buen retiro” (¿existe el mal retiro?) por Sargento Veterano de la Fuerza
Aérea o “Capitán retirado” por “Capitán de la reserva de la Armada Nacional”.
El día que se cambie el léxico y
se dignifiquen grados, derechos, logros y toda nuestra historia, ese día tanto
activos como ciudadanos verán de forma diferente al gremio de la fuerza
pública; como dirían los psicólogos, se debe iniciar por el amor propio.
Dejo la siguiente reflexión:
¿Existen los médicos retirados? ¿Conocen a los abogados en retiro? ¿En su
familia existe algún ingeniero de cualquier especialidad en uso de buen
retiro? Recordemos que el vínculo entre activos y retirados es indisoluble y
los derechos constitucionales y logros alcanzados fueron el producto de mucho
sacrificio; por tanto, acabemos ese mal concepto que dice “la costumbre se hace
ley”.
“El camino puede ser
difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)




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