A portas del próximo mundial de futbol en el planeta, he visto más de cerca algunos partidos de este deporte donde juegan los colombianos, entre otros de la selección Colombia femenino (muy interesantes futbolísticamente) y masculino, además de partidos que se juegan en canchas de la ciudad tolimense o en su importante parque deportivo, siendo testigo de varios aspectos que me dejan interrogantes, como por ejemplo.
Cuando los jóvenes de las diversas categorías juegan
sus partidos, sus entrenadores técnicos les lanzan epítetos, vulgaridades,
gritos y ofensas en vez de orientaciones técnicas que dejan mucho que pensar sobre
su capacidad de liderazgo y ejemplo a la hora de corregirlos y guiarlos. La
pregunta que me hago es: ¿entrenarían previamente las jugadas? ¿Les habrán dado
las instrucciones necesarias para no echar el madrazo? ¿Será esa la técnica apropiada
para orientar y educar a los jóvenes?
Por su parte, algunos de los padres de familia que
acompañan a sus hijos parecen entrenadores frustrados porque desde la tarima
gritan y gritan a sus hijos o conocidos para que hagan buenas jugadas o pareciera
para que no hagan caso de las orientaciones de sus entrenadores, pero curiosamente
y con cierto nivel de gravedad, pareciera que aceptan que a sus hijos los grite
el entrenador y los trate como se les dé la gana. ¿Ellos por qué no dicen nada?
¿Por qué más bien no se convierten en barra de animación, porristas, parte del
equipo como recurso de apoyo y motivación? En fin.
En Colombia, es el futbol el deporte que más
capta participantes, sueños, anhelos, motivaciones y deseos de futuro para los jóvenes
y el que menos triunfos trae a nivel nacional, si se compara con el ciclismo,
pesas, gimnasia, salto largo, BMX, boxeo, tiro con arco, etc.; concentra grandes
masas poblacionales y hasta llega a congregarnos a nivel nacional bajo una
misma camiseta en las pantallas, la radio, los barrios y el sinnúmero de
canchas de futbol que existen en Colombia.
Sin embargo, en torno al futbol hemos visto también
cómo el narcotráfico asesinó a un futbolista en Medellín por una jugada, como
se enfrenta el pueblo contra el pueblo vestido de diversas camisetas, se matan a
la salida de un partido, se generan enemistades, muchos se emborrachan y otros se
drogan, se destruyen familias y muchas veces hasta se le baja la moral a todo
un país por el resultado negativo de 11 jugadores.
Entonces, ¿no será mejor reflexionar en este
deporte y toda la población que existe detrás de él, que se volvió un negocio
completo entre elementos deportivos, entrenadores, alquiler de canchas,
preparadores físicos, psicólogos, entrenadores personalizados, entre muchos,
para que desde las primeras participaciones, que son los niños, todos empecemos
a generar una sinergia educativa y formativa que trascienda en el tiempo para construir
un mejor país y dejar de lado los madrazos? Pienso que aquí se podría iniciar
un cambio significativo para todos.
Vamos con toda selección Colombia en el próximo mundial
2026, no olviden que todo el mundo los mira, y como dijo Pacho Maturana, “perder
es ganar”. Creo que hemos perdido mucho y ganado poco, es hora de cambiar “el madrazo”
por una buena educación deportiva y social.
“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr”.









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