Como dirían los que asisten al carnaval de Barranquilla en Colombia, “quien lo vive es quien lo goza”; así fue la experiencia vivida en este mes de junio al realizar por primera vez el ya conocido peregrinaje mundial del Camino de Santiago de Compostela que se realiza en España en cualquier época del año.
El Camino Francés,
del norte, el primitivo y el portugués, entre otros, son las rutas que inician
los peregrinos de todas las edades y nacionalidades desde diversos puntos del
planeta a pie, en bicicleta o a caballo, siguiendo la única dirección que los puede
llevar a cumplir con el propósito de la ruta hacia la gran y majestuosa
catedral en honor al Apóstol Santiago, precisamente ubicada en Santiago de
Compostela, en el noreste de España, capital de la comunidad autónoma de
Galicia, en la provincia de A Coruña.
Gente llorando,
abrazándose, riendo, efusiva, saltando, posando para la fotografía, llamando
por teléfono a sus familiares y amigos e incluso arrodillándose o tirándose al
piso, además de orar, son, entre otras, las imágenes y sensaciones que se
perciben en la Plaza del Obradoiro luego de un recorrido milimétricamente
medido para llegar al punto cero y pedir la certificación del kilometraje
realizado, además del título de peregrino mediante la Compostela.
¿Pero qué es lo más
extraordinario de camino? Seguramente existen diversos conceptos sobre esta
pregunta y variará si eres hombre o mujer, adulto o niño; lo cierto es que la
experiencia es algo inimaginable para relatar por las mismas sensaciones que se
viven durante el recorrido, como por ejemplo:
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| Último tramo de 128k |
Caminar al lado de personas de diversos países y culturas del mundo manejando diferentes idiomas, pero a pesar de eso se expresan entre sí las palabras más conocidas de la ruta que los une: “buen camino”; observar las expresiones de quienes van solos, en grupos de amigos y una buena parte en familia, se va convirtiendo en un río de seres humanos avanzando en la medida de sus capacidades individuales día tras día hasta cumplir la meta, donde al terminar descubres que “el Camino de Santiago no es la meta, apenas es el inicio del viaje al interior de uno mismo”.
La vieira o “la
concha del peregrino”, que portan en un sitio visible recordando ese utensilio
utilizado por los antiguos peregrinos para tomar agua, y la credencial del
peregrino, que se va llenando kilómetro tras kilómetro de sellos por donde van
pasando como prueba legítima de la travesía, son los elementos que más se
protegen para que, al final del esfuerzo, sean certificados y sellados por la
oficina de acogida al peregrino de la catedral y así expedir la Compostela.
Por deporte o por
religión, agradecimiento o petición, por amor o por perdón, sean los motivos
que sean, el Camino de Santiago de Compostela es un reto para algunos y una
satisfacción para otros; podría hacerse al inicio o también al término de sus
días. Lo único cierto es que la historia del camino nos remonta precisamente al
apóstol Santiago, conocido por ser parte del círculo íntimo de Jesús,
evangelizador de Hispania (Europa), símbolo de la Reconquista y patrón de
España. El hallazgo de sus restos en Galicia sirvió de inspiración mediante el
peregrinaje a lo que hoy se conoce como Camino de Santiago.
Durante la trayectoria observé a una pareja de jóvenes con su niño en un coche enfrentando la ruta, personas en muletas y en silla de ruedas, una familia canadiense compuesta por padre y madre con cinco hijos pequeños con dos coches, una anciana muy activa de Canadá, chicas solas de Italia, un coreano joven y un señor solo de Puerto Rico, grupos de Brasil, México, Colombia, Suiza, Portugal, España, Estados Unidos, China, Ucrania, Italia, Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda, entre otros, todos siguiendo el camino portugués de 128 kilómetros, realizando jornadas más o menos de 21K diarios para cumplir el cometido de llegar a la meta.
Mi intención y esfuerzo en el camino fueron destinados al agradecimiento; dar gracias a Dios, a la Virgen de la Milagrosa; a mis familiares cercanos y lejanos; a los que me quieren y me odian; a todas las personas que durante estos 10 años, luego de mi retiro, de una u otra manera me han regalado momentos de felicidad, inspiración para generar nuevas acciones e iniciativas con propósito, construyendo día tras día una nueva oportunidad de vida, ayudándome, orientando, corrigiendo, siguiéndome, leyendo, apoyándome, adaptándome como soy, con las virtudes y también los defectos, con mis alegrías, enojos y angustias, con el corazón y la razón unidos bajo las condiciones limitadas y variadas del ser y entregándome nuevamente a causas humanas para servir y ayudar.
Gracias mil y mil gracias, no
existe otra palabra más grande que pueda utilizar para manifestar mi sentir que
mil y mil gracias a todos los que se han cruzado en mi camino en estos 10 años
de vida.
Gracias, Camino de
Santiago.
"El camino puede ser dificil, pero con su ayuda lo podemos lograr", "Soy Ciudadano"






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