El ataúd se enfría, estático en el tiempo,
sosteniendo el pasado que alguna vez tuvo sentido.
Las lágrimas caen como lluvia, como aceite
perfumado que santifica y limpia el cuerpo para su viaje.
El muerto no habla ni llora; solo descansa. Solo
yace quieto.
Al muerto no le importa lo que siente, o
necesita, o quiere…simplemente es; sin vida ni medios.
El muerto somos todos nosotros, hoy o mañana.
La música es para los vivos; baila mientras
puedas.
El muerto se ha ido, se va en un viaje que es un
sueño y una esperanza que todos tenemos.
El final de una vida, tan misteriosa como los
días que todos recibimos para intentar, un día a la vez…ahora cesado, para un
viaje a la eternidad.
El muerto no se mueve ante nuestros ojos,
permanece quieto y descansa su capítulo final. Se va con todo lo que fue, todo
lo que pudo ser y todo lo que logró.
Que todos descansemos en paz cuando llegue
nuestro tiempo, y estemos con nuestro Señor en los cielos de maravillas.
Escrito en Australia por Luana Martínez Parodi.
“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)




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