Palabras expresadas por el ministro de Defensa, general Jorge Mora, en su primera moción de censura impulsada nada más ni nada menos que por la bancada del Pacto Histórico. ¿Qué más se podía esperar de ellos? Cuando el ministro ni se ha podido sentar en su silla por las diferentes situaciones que vive el país.
Un terremoto intenso, incendios
forestales, los acuerdos bilaterales con los EEUU, ataques con drones, cambio
de cúpula militar y policía, empalmes regionales, una fuerza pública
desfinanciada y poco respaldada por Petro, además de reorientar una nueva
política para la seguridad y la defensa de los colombianos, fueron, entre
otros, la bienvenida con que recibieron al gobierno y, por ende, al ministro.
La intención del Pacto Histórico
es clara en la citación del ministro bajo la modalidad de la moción de censura:
evaluar gestión, exigir responsabilidad, destituir del cargo o presionar
renuncia. ¿Esta combinación de intenciones tiene lógica para un ministro y un
gobierno que lleva un mes en el cargo?
Estoy de acuerdo con el ministro en la dicotomía
a la que se enfrentan los militares y policías en Colombia, pues al ser
juzgados no solo por políticos de la izquierda revolucionaria como los del
Pacto Histórico, sino también por muchos ciudadanos que no comprenden la
dinámica del conflicto interno que generan los grupos armados ilegales, los
daños colaterales y las lamentables consecuencias cuando se enfrentan las armas
ilegítimas y la fuerza del Estado en el ejercicio de la acción constitucional.
Aún más complicada la postura de
las instituciones castrenses cuando reflejan omisión en las ciudades o el campo,
precisamente por sus limitaciones logísticas y de personal, por falta de
respaldo de su comandante supremo dado el caso de Gustavo Petro, por las hordas
de delincuentes que se camuflaron presionando a muchos indígenas o campesinos
en contra de los militares y policías o por la supuesta autonomía académica en
las universidades que no permite el ingreso de la autoridad para enfrentar el
vandalismo.
Pero aun por aquellos militares y
policías que, teniendo los juramentos y las armas legítimas, se hagan los de la
oreja sorda a la hora de actuar para defender a Colombia, ellos ya serían
traidores de la patria.
Cierto, la fuerza pública se
enfrenta a la “acción o la omisión” a la hora de ejercer el derecho a
bombardear un campamento de las guerrillas o del narcotráfico, pero deberíamos
hacernos las siguientes preguntas antes de criticar: ¿debe primar el bien
particular o generar? ¿Hacemos cumplir la Constitución o damos paso al capricho
de algunos jueces que se identifican con la izquierda revolucionaria y
comunista? ¿Empoderamos otra vez a la fuerza pública para que nos defienda o la
dejamos a merced del Pacto Histórico y los políticos corruptos?
Siempre será mejor una fuerza
pública que actúe bajo el principio de la acción constitucional altamente
profesional, garantizando la defensa de la soberanía, la independencia, la
integridad territorial y el orden constitucional, y no la irresponsable omisión
que nos deja en manos de los violentos.
“El camino puede ser
difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)




El único camino que tiene el Estado Colombiano es enfrentar la delincuencia que asesina y aterroriza a la población. No debe darse concesión alguna cuando estos grupos persisten en mantenerse al margen de la ley. La Fuerza Pública tiene que actuar, es lo que manda la constitución y el gobierno actual debe garantizar su operatividad en todo el territorio nacional, dando las herramientas juridicas y operacionales.
ResponderEliminarGracias por tu comentario, totalmente de acuerdo.
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