jueves, 15 de enero de 2026


Seguramente, en un país donde hay tantas armas blancas en manos de la delincuencia urbana y rural, las mismas que se utilizan todos los días en casa o en las plazas de mercado para cortar todo tipo de productos, por los artesanos para crear obras de arte, los militares y policías como medio de defensa y otros para su supervivencia, como los senderistas o bomberos; incluso guardadas en museos o por los coleccionistas; se entenderá con gran facilidad  para qué sirven las navajas.

Existen navajas grandes y pequeñas, de doble o un solo filo, con punta o sin punta; las más conocidas son de países como Suiza, Alemania, Francia, España y Japón. No importa de dónde vengan, todas cumplen la misma función: construir o destruir. Esta analogía se podría aplicar a Colombia en este año electoral, ubicándose en el filo de la navaja política, generando una expectativa para el mundo y en especial para los Estados Unidos.

El proceso que viven los venezolanos desde hace 25 años, donde la zozobra, alta migración, despilfarro del petróleo, angustia, pobreza, hambre, violencia, injusticia y secuestro político hasta llegar al punto de una intervención norteamericana por su narcotiranía chavista y castrista, coloca a los colombianos nuevamente en un punto de decisión política importante, para  continúar bajo un gobierno de izquierda revolucionario, guerrillero y ladrón, o que cambien de escenario hacia la política de democracia conservadora.

Entender para qué sirve una navaja como herramienta es lo mismo que entender para qué sirve la democracia participativa, cuáles son los derechos constitucionales que se tienen, cómo aplicarlos y cómo utilizarlos en las decisiones que se tomen en conjunto como país; si no se entiende la importancia de este acto democrático, es posible que se vuelva a repetir un error al elegir al sucesor de Gustavo Petro.

Propicio momento para que los cuarenta y dos millones de ciudadanos colombianos en Colombia y el exterior con derecho a votar asuman un papel protagónico al tener en la mano una gran navaja llamada democracia.

Importante tener cuidado cuando se vaya a manipular la navaja de la democracia, por que cuesta menos utilizar por parte nuestra un fino bisturí de cirugía ocular, para que no voten los muertos como siempre, no vender el voto por un plato de lentejas, vigilar y custodiar el proceso electoral, no darle oportunidad a los bandidos y mucho menos a las guerrillas, no dejarse engañar y lo más importante, para que no nos claven una navaja de carnicero sin que nos demos cuenta ya sea por ausencia de la malicia indígena o por la alta indiferencia que a veces nos caracteriza; todos a votar responsablemente o todos vamos a llorar amargamente.

“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr”.


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(Santa Marta - Colombia)

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