Seguramente, en un país donde hay tantas armas blancas en manos de la delincuencia urbana y rural, las mismas que se utilizan todos los días en casa o en las plazas de mercado para cortar todo tipo de productos, por los artesanos para crear obras de arte, los militares y policías como medio de defensa y otros para su supervivencia, como los senderistas o bomberos; incluso guardadas en museos o por los coleccionistas; se entenderá con gran facilidad para qué sirven las navajas.
Existen
navajas grandes y pequeñas, de doble o un solo filo, con punta o sin punta; las
más conocidas son de países como Suiza, Alemania, Francia, España y Japón. No
importa de dónde vengan, todas cumplen la misma función: construir o destruir.
Esta analogía se podría aplicar a Colombia en este año electoral, ubicándose en
el filo de la navaja política, generando una expectativa para el mundo y en
especial para los Estados Unidos.
El
proceso que viven los venezolanos desde hace 25 años, donde la zozobra, alta
migración, despilfarro del petróleo, angustia, pobreza, hambre, violencia,
injusticia y secuestro político hasta llegar al punto de una intervención
norteamericana por su narcotiranía chavista y castrista, coloca a los
colombianos nuevamente en un punto de decisión política importante, para continúar bajo un gobierno de izquierda revolucionario, guerrillero y ladrón, o que cambien de escenario hacia la política de democracia conservadora.
Entender
para qué sirve una navaja como herramienta es lo mismo que entender para qué
sirve la democracia participativa, cuáles son los derechos constitucionales que
se tienen, cómo aplicarlos y cómo utilizarlos en las decisiones que se
tomen en conjunto como país; si no se entiende la importancia de este acto
democrático, es posible que se vuelva a repetir un error al elegir al sucesor
de Gustavo Petro.
Propicio
momento para que los cuarenta y dos millones de ciudadanos colombianos en
Colombia y el exterior con derecho a votar asuman un papel protagónico al tener
en la mano una gran navaja llamada democracia.
Importante tener
cuidado cuando se vaya a manipular la navaja de la democracia, por que cuesta menos utilizar por parte nuestra un fino bisturí de cirugía ocular, para que no voten los muertos como siempre,
no vender el voto por un plato de lentejas, vigilar y custodiar el proceso
electoral, no darle oportunidad a los bandidos y mucho menos a las guerrillas,
no dejarse engañar y lo más importante, para que no nos claven una navaja de
carnicero sin que nos demos cuenta ya sea por ausencia de la malicia indígena o por la
alta indiferencia que a veces nos caracteriza; todos a votar responsablemente o
todos vamos a llorar amargamente.
“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda
lo podemos lograr”.




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