¡Nooooo! La guerra no ha vuelto porque llegó el presidente Abelardo De Las Priella “el Tigre” a la patria milagro; la guerra nunca se ha acabado. Hay quienes dicen que “la guerra es un negocio y por eso no se acaba”, hay quienes aseguran que “la guerra es nuestro estado natural” por ser tan violentos, y hay quienes expresan que “le tenemos miedo a la paz y no sabemos vivir en ella”.
Es posible que los anteriores comentarios
tengan un poco de verdad, pero también de mentira, pero por lo pronto tengamos
en cuenta algunas realidades.
Colombia vive en una violencia
continua desde muchos años con raíces políticas entre los unos y los otros;
para la muestra, un botón: “liberales contra conservadores”, guerra
bipartidista (1946 y 1948); hoy podríamos decir “izquierda y derecha” y, si
miramos más atrás, entre los españoles que supuestamente nos descubrieron y los
indígenas en 1492, luego entre negros, blancos, mulatos, etc., etc., que dieron
paso a las campañas libertadoras de la corona española que en Colombia terminaron
en 1810.
El comunismo enquistado como un cáncer viene
desde 1848 con el manifiesto ciudadano vigente todavía para motivar e inspirar
a los ingenuos e incautos al interior de Colombia; conceptos como el socialismo
del siglo XXI vienen desde 1996 y tomó su fuerza en 2005 por Chávez en Brasil;
el progresismo nacido en España en el siglo XIX se fortaleció en los Estados
Unidos entre 1920.
Colombia ha sufrido todas estas
situaciones de la violencia con raíces políticas con el nacimiento de las FARC
y el ELN en 1964, el EPL en 1967 y EL M19 en 1974. Todos estos grupos
armados ilegales siguen de una u otra manera dándole problemas al país, unos
desde la política y otros de manera terrorista, como el Clan del Golfo,
fortalecido entre 2004 y 2006; el narcotráfico, desde la bonanza marimbera de
1970; el paramilitarismo, desde 1978; y, como si fuera poco, las disidencias de
las FARC desde el 2016.
Ahora las ciudades se ven
afectadas políticamente por el conocido Pacto Histórico, creado como coalición
en 2011 y partido político en 2025, con todas sus vertientes políticas e
ideológicas, además de la acción que ejerce FECODE, nacida en 1959, entre otros
actores como la delincuente primera línea que surgió en 2019 y todo tipo de
delitos urbanos.
Si bien la paz “es un derecho y deber de
obligatorio cumplimiento” (art. 22 CPN) y una de las responsabilidades del
presidente, también es cierto que el primer mandatario puede utilizar todas las
herramientas que recibe para tal fin, llámese negociación, sometimiento o
enfrentamiento con la fuerza legítima del Estado.
De Las Priella, recibirá el 7 de agosto las mismas
facultades constitucionales que Gustavo Petro recibió hace cuatro años,
otorgadas por el constituyente primario mediante el voto popular, resultado
avalado por el Consejo Nacional Electoral, además de los observadores
internacionales, y será él quien tome las decisiones con relación al tema,
acompañado de la ley y su gabinete de gobierno.
Bajo estos criterios, porque Iván Cepeda
expresó que “con la llegada de Abelardo podría volver la guerra”, a Colombia no
vuelve la guerra; de hecho, vive el “conflicto armado sin carácter
internacional más antiguo del mundo” después de las guerras mundiales y
posiblemente no llegará la paz por la multicriminalidad que vive todos los días
bajo la indiferencia y a la vez participación de los colombianos, toda vez que
la paz es responsabilidad de todos.
Eso sí, recordemos que cuando
Uribe llegó a la presidencia, propuso la política de seguridad democrática
porque decían que éramos un “estado fallido o país inviable” por toda la
violencia que secuestraba al país; sencillamente, así también deja Gustavo
Petro a Colombia bajo el concepto de la “paz total”, entonces, ¿volvió la
guerra? ¿El paramilitarismo? Eso parece pura patada de ahogado de Petro
y Cepeda.
“El camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo
podemos lograr”.




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