sábado, 3 de enero de 2026


Frente al exitoso ataque de los Estados Unidos a la República Bolivariana de Venezuela, donde capturaron a su legítimo o ilegítimo presidente Nicolás Maduro Moros, surge la pregunta: ¿Y los militares venezolanos qué? ¿Dónde estaba el famoso sistema de defensa de los venezolanos del cual tanto ensayo supuestamente hicieron? ¿Dónde estaba el poderío de sus tropas, aviones y fuerzas de defensa antiaérea que mostraban y vociferaban? Todo parece indicar que era pura falacia, bulla y mentira; su valentía solo era con los venezolanos más desprotegidos, con los perseguidos políticos y con todo aquel que no estuviera con sus ideales.

El ataque norteamericano en Venezuela demuestra muchas cosas para los hombres y mujeres que siguen creyendo en supuestos profetas de izquierda, revolucionarios, progresistas, castristas, chavistas, marxistas y leninistas, entre otros, en el presidente Gustavo Petro; además, deja hasta el momento mucho para reflexionar, como, por ejemplo:

Si la democracia radica en el pueblo, no se puede entonces eludir la responsabilidad inherente que le corresponde a cada ciudadano de exigir oportunamente que evolucionen los intereses de un Estado y no los de unas personas o de ideologías mal concebidas; el tema de Chávez y Maduro se pudo evitar oportunamente.

Nada que huela a corrientes revolucionarias sin sentido, concebidas y desarrolladas en Cuba, Nicaragua, Corea del Norte, Rusia o China Popular, que hablan de “libertad o muerte”, que oprimen al pueblo o invocan el terrorismo como el M19, ELN, EPL o las FARC, debe ser tenido en cuenta; ninguna ha funcionado a través de la historia, pero todas han generado muerte, pobreza y desolación.

Elegir a un presidente, un congreso y por ende a quienes administran la justicia, no es un juego, mucho menos cuando los que llegan al poder con la intención de generar cambios constitucionales en asambleas constituyentes manipuladas demuestran su intención de quedarse en el poder y arrastrar al país hacia un agujero negro sin salida.

Las fuerzas militares y la policía son instituciones de la nación y no, como ocurrió en Venezuela y en algunos casos en Colombia, de los gobiernos de turno. Desde la llegada de Chávez al poder, los militares dejaron de entrenarse militarmente en las principales potencias democráticas y prefirieron irse a Cuba. ¿Será que, si llega Iván Cepeda, el candidato de las FARC garantizando la continuidad de Petro en el poder, así veremos a nuestros militares y policías? Esperemos que no.

Pasar de ser la segunda potencia de todo el continente americano después de los Estados Unidos, tener una economía fuerte y estable, una moneda “el Bolívar” poderosa, a tener que ser intervenidos por los gringos para poner en orden su casa, creo que debería ser una vergüenza para los ciudadanos venezolanos.

No se trata de no darle una oportunidad a la izquierda en el poder, se trata de que luego de darle la oportunidad no se quieren ir por ningún motivo; volvemos al caso Putin, Castro, Noriega, Chávez, Maduro, Correa, Morales, por nombrar algunos recientes.

Venezuela se dejó permear fuertemente del narcotráfico y todo lo que esta peste toca, por lo general, se pudre y se daña. Detrás de este fenómeno está la avaricia, la muerte, la prostitución, los carteles, la destrucción de una sociedad y todos estos factores se conjugaron en el vecino país, con el agravante de que al interior de Venezuela se cohonestó con este delito y con los grupos armados ilegales de Colombia.

La democracia no solo es la identidad de un Estado si no, su forma de ser administrado; también están su economía, educación, salud, el equilibrio de poderes, la justicia, sus relaciones internacionales y todo absolutamente todo lo que determina el avance del mismo para ser próspero y equilibrado. ¿Será que debemos esperar que pasen años o siglos para lograr un rumbo mejor para Centro y Sudamérica?

Muchos critican el actuar de los gringos y ahora de Trump, pero miles se van a buscar el sueño americano; todos quieren ir a visitar a Disney para conocer a Mickey, pero no fabrican ideas y parques tan grandes como los de ellos. Todos compran dólares como moneda fuerte, pero debilitan la suya y, en últimas, queramos o no, de una u otra manera siempre necesitamos del gobierno norteamericano para evolucionar. ¿Entonces por qué nos extrañaría la actual incursión norteamericana en Venezuela?  

Lo que sí nos debe extrañar y llevar a otro punto del análisis es el porqué del actuar o más bien del no actuar de los militares venezolanos. ¿Será que Bladimir Padrino quería que se llevaran a Maduro? ¿Será que perdieron tanto su identidad como militares que se volvieron narcotraficantes y comunistas, además de opresores del pueblo, hoy conocidos como el cartel de los soles, y se les olvidó cómo defender su territorio? ¿O es que ya estaban tan cansados de seguirle el juego a Maduro y de su ideología chavista que prefirieron no actuar en defensa de su gobernante? Si realmente es esto último; esperemos que los militares de Colombia hagan lo mismo con Petro y, si llega Cepeda, con él también.

Un poco de cobardía no está de más en el análisis, pues un ejército que no combate a la guerrilla del ELN en su territorio, que le coloca un monumento a tiro fijo, Raúl Reyes y el Mono Jojoy en uno de los barrios de Caracas, no podría estar mandando otro mensaje que fuera de corruptos son unos cobardes.

Para concluir les recuerdo que Trump ya lo avisó, el siguiente es Petro; esperemos que salga rápido del gobierno y se vaya tan lejos de Colombia que la historia solo lo recuerde como un capítulo nefasto por todo lo malo que le ha hecho al país, desde los inicios de su existencia en las filas de la guerrillerada del M19; que últimamente se le ha dado por decir “que él también fue militar”.

 

 

 

 

 

 


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