Sin que nadie lo ordene o lo imponga, mediante decretos o resoluciones, las tradiciones vienen y se van al vaivén de las emociones de las personas, los pueblos o las ciudades.
Cambios sociales y de identidad se van
observando durante las celebraciones patrias, como en la pasada fiesta nacional
del 20 de julio en la ciudad de Ibagué, donde pocas banderas se colocaron en
las viviendas o edificios, pero más camisetas de la selección Colombia se
colocaron las personas que salieron a las calles a disfrutar del desfile
militar que conmemoró tan relevante fecha.
Si bien el decreto ley 1967 de 1991
reglamenta el uso de los símbolos patrios para el 20 de julio, 7 de agosto, 12
de octubre y 11 de noviembre, además de la fiesta nacional del Sagrado Corazón
de Jesús, también es cierto que antiguamente se criticaba o sancionaba a quien
no colocara la bandera en su casa de forma visible; hoy deberíamos felicitar a
los que sí la colocan y enaltecen significativo momento de la historia.
Por una distorsión de identidad patria, muchos colombianos en sus casas o en sus vehículos colocan la bandera de Colombia con el escudo en la mitad y un borde rojo, desconociendo que esa bandera es la identidad de un país en guerra y quienes la portan son los militares, toda vez que la bandera nacional de los colombianos es un tricolor solo donde la mitad es de color amarillo y la otra mitad azul y rojo, sin nada en su interior.
Comportamiento que se repite dentro y fuera
del territorio cuando la Selección Colombia juega, acciones que poco a poco afectan la identidad
de un país y normalizando un comportamiento inapropiado.
La Ley Emiliani (Ley 51 de 1983) trasladó los
festivos para los días lunes con el ánimo de facilitar y beneficiar el mejor
desarrollo de la vida laboral en Colombia, pero también nos recuerda la
necesidad de utilizar parte de ese tiempo para honrar a quienes de una u otra
manera hicieron posible los conceptos democráticos de “Ley y Orden” del escudo,
la bandera y uno de los mejores himnos del mundo.
Lo bonito de estos cambios, es que antes se observaban unos desfiles muy militares, cerios y cerrados a la sociedad; y hoy se observa una cercanía, cariño e interacción entre la población y su fuerza pública que genera alegría y emoción ante los ojos de quienes entienden esta bonita interacción.
Mientras entramos en conciencia y se retoma
la educación sobre los símbolos patrios, pienso que seguiremos viendo “menos
banderas y más camisetas” en las fechas importantes para la
nación.
“El
camino puede ser difícil, pero con tu ayuda lo podemos lograr”.






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