Una pregunta para hacerse frente a los hechos terroristas del primero de noviembre en el municipio de Planadas, Tolima. Donde fueron asesinados 4 ciudadanos, entre ellos un niño de dos meses, 18 heridos, 177 casas afectadas y el 80% del único hospital de la región.
Como diríamos coloquialmente,
“PUES NO”, el terrorismo no ha vuelto; permanece aparentemente en silencio a la espera
de dar su estocada pública recordándole a la población que ellos están vigentes
y listos para atemorizar, sobre todo después de una etapa de
permisividad y complacencia por parte del gobierno del guerrillero terrorista
Gustavo Petro.
¿Pero qué es el terrorismo? Según la
IA, “el uso sistemático de la violencia, el terror y la intimidación por parte
de individuos, grupos o estados para coaccionar a gobiernos, alterar decisiones
políticas o infundir miedo en la población civil” dirían también “más claro no
canta un gallo”.
El nacimiento en el sur del
departamento del Tolima de las mal llamadas FARC-EP hace 52 años sigue latente
y vigente en su dominio territorial enquistado en la ciudadanía campesina y urbana
en busca de sus propósitos ideológicos y comunistas, dándole credibilidad al
concepto “familias farianas” a través del reclutamiento y secuestro de menores
de edad en sus filas.
La minería ilegal, “visible y a la
vez invisible a los ojos de la fuerza pública”, por su parte alimenta la
economía del dinero negro, por ende la violencia; el narcotráfico y microtráfico carcomen la
sociedad desde el interior del ser humano débil que se deja conquistar por las
ideologías revolucionarias, el progresismo, socialismo y de paso comunismo, a
quien sí le interesa el caos, miedo y el terror.
El anterior comportamiento es
acompañado diariamente por todas las modalidades de hurto, sicariato, secuestro
y el lavado de activos; una multicriminalidad que refleja en la sociedad la
falta de bases sociales estructurales, formación académica consciente y unas
políticas educativas basadas en el respeto y la convivencia ciudadana.
Las redes sociales y el uso
desmedido de las herramientas tecnológicas como el celular y las tabletas
confunden y enloquecen a cualquiera que no entienda el uso de las
mismas y la desinformación de las mismas; parece que toma relevancia el viejo adagio “divide y reinarás”.
Por más que el artículo segundo de
la Constitución Política hable de los fines del Estado y destaque “la
convivencia pacífica y la vigencia del orden justo”, el once “el derecho a la
vida” y el veintidós hable de “la paz como derecho y obligación”; y el código
penal en su articulado 343 tipifique al terrorismo en todas sus expresiones,
Colombia vive en un terrorismo diario donde los violentos se pasan por la
galleta los derechos humanos, el derecho internacional y la misma constitución.
Frente a este funesto panorama,
los colombianos y tolimenses seguiremos siendo víctimas del terrorismo que ejecutan
unos pocos con cédula y otros con tarjeta de identidad, asustando y afectando
al pueblo la supuesta paz que nadie tiene.
“El camino puede ser
difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)




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